
“Trabajo con el comic, dos íconos de poder”, respondía Mauro Guzmán en una nota del diario La Capital de Rosario, después de haber puesto nuevamente en el tapete la cuestión de la censura en las artes visuales y su convergencia en la misma Institución de la misma localidad: el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino de Rosario. Como en el caso anterior (la obra “Ámate” de Ferrari), la obra “La historia de amor más grande, más bella y más heroica de todos los tiempos”, personificada por el mismo artista en el lugar de Cristo, fue adquirida por el museo. Fernando Farina (Secretario de Cultura en ese entonces), ante la carta documento (dirigida al intendente Miguel Lifschitz) enviada por un joven abogado de 33 años quien años atrás participaba del rezo del rosario frente a la institución (en ocasión de la exhibición de la obra de Mónica Castagnotto), alegaba: “estamos en defensa de la libertad de expresión de cualquier manifestación”. Mauro Guzmán, ganaba en Capital Federal , ese mismo año el Premio Petrobras de Artes Visuales 2008, en la 17ª Feria de Arte Contemporáneo ARTEBA.
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Ferrari, ¡su turno!
En septiembre de 2002, León Ferrari es invitado a participar en la exposición Pie de obra (curada por Marcela Römer) del X Festival de Poesía en el Museo Castagnino de Rosario. La obra presentada es Ámate: consiste en la cita visual de la estampa japonesa de Utamaro que porta el dibujo de una vagina en el momento de la masturbación; superpuesta a ella, la escritura en braille de la frase que corresponde a la cita de uno de los diez mandamientos establecidos por la religión católica: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”(Marcos 12,31) El sentido se cierra resolviendo la ecuación metafórica con el título “Ámate”.

La obra re-inauguraba la polémica en la ciudad, registrada también a partir de una serie de incidentes que retrasaron su montaje, posterior al día de la inauguración. Ese mismo día, como acto de repudio, algunos artistas la pasaron de mano en mano entre el público. Finalmente la obra se colgó cuatro días más tarde.Dicha censura se manifestó inclusive en la edición de un segundo catálogo excluyendo la imagen. Lo mismo le había sucedido a M. Castagnotto tres años atrás, en aquel momento la institución finalmente colgó el fotomontaje en una “salita especial”, pero la descolgó del catálogo.

Años más tarde (2008), Ferrari era invitado por el Museo Castagnino de Rosario a exponer una retrospectiva de su obra. En el afiche-catálogo de la muestra “León Ferrari. Antológica”se imprimía de un lado la imagen de “La civilización occidental y cristiana” y del otro, una serie de obras, además de un texto escrito por la curadora Nancy Rojas en el cual se explicaba que en el marco de una apuesta al arte contemporáneo impulsada por la gestión de Fernando Farina en el Museo castagnino, la obra “Ámate” fue incorporada en la colección al finalizar aquella exhibición polémica de 2002. A fines de se mismo año, la institución desarrollaba un programa de incorporaciones de obra contemporánea argentina, y un año después, se planteaba la apertura de una nueva sede: el MACRO (Museo de Arte Contemporáneo de Rosario) para “aquellas propuestas artísticas circunscriptas a instancias proyectuales de riesgo” en Rojas, Nancy, Imágenes de Culto (2008), Colección León Ferrari en el patrimonio Castagnino+macro. El Museo Castagnino-MACRO conformaba la colección de obras de Ferrari más grande del mundo, valuada en un millón de dólares.
1 MINUTO con LEON FERRARI
Castagnotto – Ferrari – Guzmán [1999/2002/2008] 3 casos de censura en el Museo Castagnino de Rosario
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Corría 1999, el primer caso de censura que esbozaba el nuevo milenio, sucedía durante la reapertura del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino de Rosario (había estado cerrado por reformas), donde se presentaba una muestra titulada “34ARC” (34 artistas rosarinos contemporáneos). La obra “Virgen y Vagina” de la artista Mónica Castagnotto era “arrancada” de la muestra por una persona que más tarde alegó haber tenido una visión.

El fotomontaje era fuertemente cuestionado por agrupaciones religiosas que solicitaron su retiro inmediato de ese espacio público dependiente del gobierno municipal. El escándalo mediático era alimentado por el sucederse de los acontecimientos, los cuales incluyeron desde amenazas a la artista, acciones en la vía pública como pintadas en las paredes del museo y de su propio domicilio (“Dios te salve María”), rezos de rosarios y manifestaciones, hasta la exhibición de torsos femeninos desnudos en la entrada al museo. Las presentaciones judiciales, junto con la intervención del arzobispado de Rosario echaban más leña al fuego de una hoguera del siglo XXI, “mediática”.Las repercusiones en los medios no tardaron en multiplicarse hasta llegar al ámbito nacional. Artistas, religiosos, autoridades del gobierno municipal, público en general estaba involucrado en los acontecimientos que traían novedades día tras día. Las presiones dirigidas hacia diversas instituciones vía directores y representantes del gobierno de la ciudad y de cultura, finalmente concluían en una negativa ante la posibilidad de censura. Sin embargo, la Justicia le designó al fotomontaje un “espacio diferente” dentro del museo, por lo que debió ser “mudado”. La obra cuestionada también mereció otro espacio (nulo) en el respectivo catálogo “34ARC” editado por el museo.

La obra “Virgen y vagina” no apareció en el catálogo, y ocupó su lugar otro fotomontaje (S/T) con la imagen de Cristo en el que las analogías que se presentaban eran entre los símbolos nazi, la ESMA, la corona de espinas de Jesucristo, etc

La obra de Castagnotto se conformaba con imágenes alternadas de varias vírgenes con sus respectivos velos y macrofotografías de vaginas en las que las analogías entre unas y otras aparecían resaltadas.
Uno de los textos críticos que se presentaron lo firmó León Ferrari, quien tres años más tarde (2002) sufriría en carne propia la censura en Rosario y luego a nivel nacional, en su retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta en Buenos Aires (2004). Se solidarizó con la artista escribiendo una crítica en el diario La Capital de Rosario “Blasfemias” que en el año 2000 aparecería en Ramona nº 2 (pág. 4) como “Blasfemias y censura”Ferrari, ya instruido en las Sagradas Escrituras, evoca los textos sagrados para referirse a los hechos sucedidos a propósito de la censura. Escribe una de sus relecturas: “Mónica Castagnotto muestra en el Museo de Bellas Artes de Rosario, sin hojas de parra, cuatro formas de uno de los inventos de Yahvé, la vulva, fuente de vida, amor y placer, cuya silueta compara con la de la Virgen que no pudo usarla; invento que los que creen que puede ser la puerta del Infierno (como el Arzobispo de Rosario) prefieren ni ver ni permitir que sea visto” (Ferrari, León, Prosa Política, Siglo XXI Editores, Buenos Aires:2005)
Se presentan muchos artículos en los medios, abarcando diferentes formatos y géneros. Como ejemplo de ello se inscriben varios textos de opinión como el caso del escritor Reynaldo H. Uribe quien, ante los episodios acontecidos a partir de la censura a una producción artística, se pregunta quiénes son los señores que pretenden adueñarse de la voluntad de cada habitante y de su decisión de ver o no ver una obra. Aparece cuestionado allí un sector hegemónico emparentado con el poder, que procura apropiarse de la moral pública. Sin embargo, no se identifica a ninguna institución ni a ningún agente social con nombre y apellido (como sí lo hace Ferrari); más bien se hace un breve recorrido por la historia de la censura literaria. Es evocada la Santa Inquisición y la caza de brujas en correspondencia con Mónica Castagnotto y la Justicia respectivamente, que todavía debe fallar su sentencia. “Rosario asiste a un espectáculo grotesco” firma su artículo en el diario “La Capital” de Rosario (28/11/99)

Los titulares informativos, aparecidos en la sección “La ciudad” del matutino local y como “Información general” en Clarín, daban cuentan de un relato de la censura día por día.

Declaraciones realizadas por representantes de los sectores religiosos; del ámbito artístico (otros artistas que exponían en la muestra, curadores y críticos), en solidaridad con Castagnotto; del gobierno municipal (intendente y secretarios de cultura), de las autoridades del museo y del público en general (carta de los lectores).


El debate se expandió. Opiniones y críticas se disparaban desde medios locales y nacionales. En esta situación, no parecía vislumbrarse el fin de una etapa en la que la sociedad intenta una reflexión sobre la censura; por el contrario, su emergencia era percibida como una insistencia anacrónica. La búsqueda hegemónica que intenta criminalizar ciertas expresiones artísticas recurre a gastados mecanismos de control. La censura a la obra de Mónica Castagnotto en 1999 saludaba al siglo XXI. Algo que sí podía percibirse en el comienzo del tercer milenio era un decaimiento en el tipo de censuras advertidas desde la institución artística, que ahora parecía configurarse desde una perspectiva más “democrática” hacia el arte y los artistas de Rosario; sin embargo, el 2000 iluminaba un estilo de censura proveniente de ciertos sectores del público, y de carácter “mediático”.
Las destrucciones, gritos y peleas; el pedido de censura vía orden judicial se daría desde los sectores sociales, y por supuesto, sería mediatizada. La censura mediática pone de manifiesto y deja en evidencia, la insistencia por la hegemonía de pensamientos, ideas y creencias, religiosas y de cualquier otro tipo.